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mint

La menta es vital para toda una variedad de cócteles, comenzando por el Mojito. No obstante, conservar su frescura siempre ha resultado problemático, sobre todo durante largas horas si trabajas en un local. Se trata de una hierba bastante delicada y las soluciones tradicionales, como cubrirla con un trapo húmedo o introducir los tallos en un vaso de agua conllevan sus propios problemas. Los problemas parecen comenzar en cuanto se quitan las hojas inferiores de la ramita y se corta el tallo.

Las enzimas de la planta empiezan a degradarse y la menta empieza a adquirir un color marrón. Por tanto, hemos estudiado nuevos métodos de detener este proceso o de, como poco, ralentizarlo. La congelación era una elección obvia, pero no resultaba práctica ya que las bebidas necesitan menta fresca, no congelada.
Sin embargo, nuestro experimento dejó claro que la congelación detiene el proceso de degradación e impide que la menta se vuelva marrón. Así que nos preguntamos si sería posible usar tan sólo una parte del proceso de congelación para frenar o ralentizar la degradación, prácticamente como si se tratase de una congelación rápida o un blanqueo a la inversa. Cortamos los tallos con un cuchillo afilado y arrancamos todas las hojas excepto las superiores. Colocamos los tallos cortados y las hojas en agua poco profunda muy fría (con hielo picado), los cubrimos con más hielo picado y los dejamos cinco minutos únicamente. El proceso parece sellar las hojas de la menta, casi como si el frío las dorase, como ocurre cuando se dora un filete, y conserva el sabor.

La única desventaja es que el color de la menta pierde una tonalidad, pero sólo una. A continuación, basta con colocar la menta en posición vertical en un contenedor con poca agua y guardarla en la nevera. Sigue fresca toda la noche.