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Unos de los mitos de todos los tiempos en la coctelería española es Pedro Chicote, también conocido como Perico Chicote. En este artículo voy a intentar resumir la historia del gran barman español, que casi con toda seguridad ha sido el más emblemático del país.

Los comienzos de Pedro Chicote Serrano (Madrid, 13 de mayo de 1899) evocan el buqué amargo de la necesidad. Nacido en el seno de una familia de origen humilde, comenzó a trabajar desde muy joven como mozo en un mercado. Huérfano de padre desde bien pequeño, zascandilea por una taberna del Mercado de los Mostenses sirviendo cazalla y aguardiente a los braceros y en sus momentos libres repartía telegramas en bicicleta. Chicote en el 1921 cumplió con sus deberes militares durante 2 años e intervino en algunas campañas de la dura Guerra de África.

En 1916 es contratado como ayudante de barman en el Hotel Ritz de Madrid, descubre los secretos de aquella barra con sólo 17 años, en los veranos completa su aprendizaje en prestigiosos establecimientos de San Sebastián, Biarritz y San Juan de Luz, empezando así el camino de gran profesional de la hostelería, en el que termina despuntando como uno de los Barman más destacados de España y destacar en el arte de la coctelería.
Años más tarde se incorpora a otro conocido establecimiento de la capital, el Bar Pidoux, y por fin, en 1931, inauguró en la Gran Vía madrileña su propio establecimiento, el Bar Chicote, símbolo de toda una época y referente de la vida cultural y del ocio madrileño durante buena parte del siglo XX.
Chicote escribió cuatro libros, en los que recogió su experiencia profesional. En 1927 editó uno sobre cócteles, el primero que trataba de ellos en España. En Vinos Españoles y sus mezclas, de 1942, expuso de manera sencilla observaciones y prácticas sobre el oficio de barman, e incluyó listas de vinos y licores de todo el mundo, fórmulas y diversas combinaciones. Sus otras obras fueron El Bar Americano en España, Cocktails, la ley mojada, Mis 500 cocktails, Cocktails mundiales, El bar en el mundo y El mundo bebe. Chicote dejó escritos más de 800 cócteles distintos.

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Famoso se hizo también  su Cocktail “Vasconcel”, creado en 1934 y dedicado a la Srta. Emilia Vasconcel, profesional del maquillaje y cuidado del cutis, en la fotografía, junto a las misses de los años 30.El talento para las relaciones públicas le ayudó en el cultivo de su gran pasión oculta, el periodismo.
Se trataba de un hombre ingenioso, agudo y con gran experiencia en el trato con clientes, dotado de una gran memoria visual.

Chicote recordaba con facilidad las caras y nombres de las personas que le presentaban y era notorio que siempre conocía los gustos de sus clientes.
“Lo más importante para ser un buen barman es la simpatía, ser simpático y generoso; pero la simpatía auténtica, no la fingida.

“Y luego, estar siempre al día de los acontecimientos del país, poder seguir una conversación de actualidad con el cliente, saber siempre quién torea mañana, dónde es el partido próximo y que atracción destacada hay en un tablao”.

 Después, el dominio en sí de las combinaciones de bebidas ya es más secundario. “Más vale ser así aunque sólo se conozcan diez fórmulas, que ser antipático y no tener don de gentes, aunque se conozcan diez mil”, decía Pedro Chicote.

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Palabras de Chicote recogidas en una entrevista realizada por la revista ‘Esfera’ el 3 de junio de 1930:

“El buen barman tiene que conocer no sólo los vinos y licores de la tierra, sino sus mezclas y transformaciones; ha de dominar varios idiomas, será un buen psicólogo y tendrá una esmeradísima educación.  Poseerá una conversación fácil y amena, habrá viajado mucho, conocerá grandes capitales, hoteles y casinos, será discreto y reservado…”

Su perfil de hombre discreto le impidió relatar cotilleos a la prensa. Se comentó que su gran amor fue la sobrina de un beligerante  ministro de la República.
En 1934, Julián Besteiro, presidente del PSOE, le ofrece la posibilidad de gestionar el bar del Congreso de los Diputados y mantuvo esa concesión durante todo el franquismo hasta el periodo de la Transición.
En 1947 establece el Museo de bebidas en el sótano de su bar: Museo Chicote. Se inauguraba a partir de ese momento, la época de mayor esplendor del establecimiento, que recibió la visita de monarcas (Rainiero de Mónaco, la Princesa Soraya, etc.), políticos, escritores (Ernest Hemingway…), o estrellas de cine (Frank Sinatra, Grace Kelly, Ava Gardner, Rita Hayworth, Sofia Loren…) o del deporte. Hemingway, fue un cliente asiduo de su local y desde el mismo,  escribía sus crónicas de guerra.
El bar de Chicote contaba con una colección de más de 20.000 botellas de brebajes de todo el mundo,  los licores más extraños y diversos que se pudieran imaginar, de tamaños, colores, formas y procedencia diferentes,   algunas de ellas.

En una de sus visitas a Chicote junto a  Cary Grant, Sofía Loren se quedó prendada de una botella que reproducía a la perfección sus facciones, sin embargo, a pesar de su insistencia, no sucumbió a la petición de la bella italiana, y ésta,  no consiguió que el “Velázquez de los cócteles”,  se la regalara. Una anécdota que se vio reflejada en el diario italiano “Il Mattino” con el titular “Chicote ha dicho NO a la Loren”. Tanto Perico Chicote como su establecimiento formaron parte de la iconografía del régimen franquista.

Quiso el destino que Charles Chaplin y Perico Chicote fallecieran el día de Navidad, allá por 1977. El pionero y castizo druida, el alquimista que abrió una embajada del cóctel en plena Gran Vía brindaba con la posteridad, junto al mago del humor triste. Medio mundo lloraba a Charlot. Todo Madrid despedía a Chicote. Una retahíla de diplomáticos, vividores, políticos, noctámbulos daban el adiós al Maestro de la coctelería española.  La eternidad comenzó a forjar el mito.

Fue un final de cine, un The End a la altura. Su local sigue abierto, pero es sólo el recuerdo de lo que era y del gran Perico Chicote.

Alguna información ha sido posible gracias www.mcnbiografias.com.

 

Lo que pudo ser el Chicote...